Tras la exposición de Manuel Adorni en la Cámara de Diputados, donde el jefe de Gabinete respondió durante casi siete horas y más de 2.000 preguntas, la oposición puso en marcha una estrategia para reunir las mayorías necesarias y concretar una interpelación por presuntas irregularidades en el uso de bienes del Estado y fondos públicos. La pulseada se definirá voto a voto en las próximas semanas y podría marcar el rumbo político del Congreso.
El informe de Adorni y la sesión informativa que siguió encendieron la negociación parlamentaria. Según fuentes del propio espacio, en la última acción legislativa Unión por la Patria logró reunir 125 firmas para impulsar el tratamiento, apenas a cuatro votos de la mayoría absoluta que exige la Cámara baja para avanzar con la interpelación. Las ausencias por enfermedad dentro del bloque y la negociación con legisladores de distintos interbloques son ahora el centro de la disputa.
"Nosotros ya presentamos el pedido y en dos semanas presentaremos un pedido de sesión especial". (Unión por la Patria, según TN)
La mecánica constitucional es clara: para convocar formalmente a la interpelación se necesitan 129 votos en Diputados. Si la oposición alcanzara ese número y el debate derivara en una moción de censura, la remoción del funcionario exigiría mayoría absoluta también en el Senado (37 votos), un umbral más difícil de alcanzar y que convertiría el proceso en una prueba política de gran impacto para el Gobierno.
Aliados posibles y la negociación voto a voto

Foto: tn.com.ar
En el tablero opositor dan por descontado el apoyo del Frente de Izquierda, que además presentó un pedido de juicio político contra el presidente Javier Milei con las firmas de Néstor Pitrola y Romina del Pla. También asoman como potenciales aliados sectores del interbloque Unidos, liderados por Gisela Scaglia, que agrupa a legisladores de Provincias Unidas, la Coalición Cívica y Encuentro Federal. Dentro de ese espacio, sin embargo, persisten dudas que obligan a conversaciones puntuales con delegados y jefes de bloques.
Diputados como Juan Brügge admiten que "hay elementos para la interpelación... vinculados con temas que este miércoles no quiso contestar", según consignó la cobertura parlamentaria, pero condicionan su voto a las respuestas que pueda ofrecer Adorni en un eventual plenario. Ese mapa explica por qué desde la oposición hablan de una negociación que se juega en cada banca.
Los puntos que se cuestionan y la defensa pública
En los fundamentos del pedido presentado el 11 de marzo, el kirchnerismo reclama explicaciones por «presuntas irregularidades en el uso de bienes del Estado y fondos públicos». Entre los hechos que se señalan figuran gastos vinculados a viajes oficiales —incluyendo el traslado y alojamiento de su cónyuge en Nueva York— y un vuelo a Uruguay en una aeronave privada durante el feriado de carnaval. Germán Martínez, uno de los impulsores, sostiene que el funcionario debe brindar cuentas sobre conductas que, a su juicio, revisten posible malversación.

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Frente a las acusaciones, Adorni rechazó la imputación y descartó renunciar. El oficialismo también minimizó la ofensiva opositora: el diputado Carlos Zapata sostuvo que "no tendrán éxito" y defendió que el jefe de Gabinete cumplió con su obligación constitucional durante la sesión informativa. En los mismos discursos el Gobierno planteó que la movida responde a intereses políticos y no a la preservación del orden institucional.
La tensión se extendió a La Libertad Avanza, donde la posibilidad de volver a traer a Adorni al recinto generó debates internos sobre conveniencia estratégica y costos públicos. En este contexto, los próximos pasos legislativos dependerán tanto de la capacidad del kirchnerismo para sumar apoyos como de la voluntad de sectores moderados para alinearse con el oficialismo o con la oposición.
En los hechos, la oferta legislativa está en la cancha: Unión por la Patria anuncia que buscará una sesión especial y evalúa sumar a los bloques críticos de la UCR y a diputados de espacios minoritarios. Del otro lado, el Ejecutivo confía en que la cifra de 129 no será alcanzada y apuesta a que la controversia se diluya antes de llegar al recinto.
El calendario inmediato marcará la agenda: en dos semanas la oposición dice que intentará formalizar la sesión especial, y allí se verá si efectivamente hay votos suficientes para la interpelación. Si prospera, el caso avanzará a una instancia de mayor riesgo político; si no, la disputa probablemente quedará como un capítulo de desgaste entre oficialismo y oposición, con impacto en la campaña y en la agenda legislativa próxima.
En resumen, la posibilidad de interpelar a Manuel Adorni abrió una negociación a varias bandas: el kirchnerismo busca juntar la mayoría necesaria para forzar el debate, el oficialismo rechaza la ofensiva y los bloques intermedios definirán con su voto si la causa llega al recinto o se enfría en las próximas semanas. La pulseada será, inevitablemente, un termómetro de la correlación de fuerzas en Diputados.



